DE ENTRE TODAS LAS OPCIONES, ÉL ELIGIÓ NO HACER DAÑO
Vengo a poner voz escrita a los que, como mi padre, encontraron el pan de cada día bajo un cielo distinto al que les vio nacer.
Yo nací en Palma del Río y a la vera de Sevilla me he criado. Más también en mi sangre, late sangre colona. Cañada es lugar sagrado en mi biografía, por todas las veces que, con tanto amor y nostalgia, mi padre la ha sentado a nuestra mesa.
Estas palabras son una puerta abierta para, todo aquel que encuentre eco en ellas, quiera llevar su abrazo hasta Don Fernando.
Como él mismo dice: “No es lo mismo ser sacerdote que ser cura ”.
Etimológicamente, el cura es el "guardián" de la comunidad que tiene la misión de cuidar espiritualmente a sus feligreses. Finalmente, somos lo que elegimos hacer con lo que somos. Y Don Fernando eligió no hacer daño. Eligió poner su amor al servicio del pueblo. Acompañar, escuchar, cuidar, alimentar, sembrar, consolar, construir, velar, orar, estar…son verbos que habitan en sus actos desde que llegó hace tanta vida a Cañada.
Este hombre nunca ha sido de altares, ni de púlpitos. Él, como leal discípulo del Maestro, ha llevado la casa sagrada hasta el pueblo. No ha leído el Evangelio, lo ha hecho. No habrá sacristías de puertas cerradas, pues allí donde Don Fernando ponga su pie, así sea en un desierto, brotará la iglesia.
No necesita adjetivos que alteren, a estas alturas del calendario, el curso de su sino. Él solo quiere que le permitan vivir serenamente su ocaso, a la sombra mansa del fruto de su siembra. Él lo que quiere es que le permitan ser haciendo hasta que Dios quiera…
Cañada y Don Fernando, simbiosis bendita. No se me ocurre mejor lugar para caer que este pueblo, donde antes de llegar al suelo, te acunan más de tres mil brazos.
Siento admiración profunda por esta gente que lleva en el tuétano de sus huesos la fuerza de sus ancestros, que ateridos de miedo y nostalgia, sacaron de la nada, una vida.
Sois ejemplo vital de que es posible sostener a todos, sin dejar de ser uno. La gratitud me invade al sentirme parte de este corazón inmenso. Yo nací en Palma del Río, tierra amada. Más uno termina siendo no solo de donde nace, sino de todos los lugares en los que su corazón se derrama.
Belén Cano Padilla, hija de Enriquito Cano Palmero
Fotografía: Ana Delis
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