Iluminas mis estancias ocultas. Por sus ventanas se cuelan, como golondrinas, puntos cardinales que no conocía.
Me ensanchas el alma y la mirada.
El mundo es mucho más grande de lo que me han enseñado.
Tatuaré de gratitud, todos los mapas que siembras en mis manos.
Qué bonito, niño, encontrar guarida en tu pecho y soñarnos...

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