viernes, 19 de septiembre de 2025

 EFÍMERO


     Almaceno en mi desván, sacos llenos de palabras de amor. Todas las que me han regalado a lo largo de mi tiempo, están ahí...

    Si escribiera poemas con ellas, podría llenar de versos, un puñado de otoños...
Si las arrojara por un acantilado, se llenarían los mares. Palabras de amor a la deriva se enredarían en las redes y enamorarían a los pescadores...

    Si las quemara en una hoguera, llenarían el cielo de amor evaporado. Y el sol lloraría ocasos a todas horas del día y de la noche...

    Más, ningún bosque podría jamás brotar de mis sacos rebosantes de palabras, pues solo son semillas hueras, desnudas de hechos que las abracen...

    De esos actos, aún en silencio, podrían germinar olivos centenarios. Pero, de esos, casi no tengo...Acaso unos cuantos que tímidos se arremolinan en el fondo de una taleguilla de tela azul, preñados de olor a clavo y canela...Aunque su aroma acaricie el alma, son tan pocos, que a penas alcanzan para escribir un par de versos o para garabatear el boceto de una historia de amor verdadera...





sábado, 16 de agosto de 2025

 Voces de otros tiempos me susurran al oído, sus historias.
Donde otros ven desamparo, soledad, tristeza...yo sigo encontrando poesía





jueves, 14 de agosto de 2025

 Qué compañía esperas, alma ingenua, si hasta el cuerpo en el que moras muere de soledad...



martes, 5 de agosto de 2025

 LA FUENTE DEL REY


Sólo las aves, la vida mansa de la laguna y yo...También tú estás aquí, aún no te has ido. Estás en mí. Te siento…


La laguna es poesía, otra vez…No había vuelto desde aquella tarde en que la última gota colmó el vaso. Y me mostró con la nitidez rotunda que tú buscas en tus fotografías, cuál iba a ser mi vida a tu vera: una ausencia ancha con migajas de presencia. Una fotografía minimalista iba a ser mi vida contigo: una imagen abandonada en un infinito de soledad. Un “siempre echarte de menos”. Una pregunta eterna en mi boca: ¿por qué no estás aquí? El hambre, el frío siempre...


Entre el estanque y la laguna, un conejo me mira fijamente. Se esconde tras la hierba. Me ve llorar. Me acompaña.


He tosido y se ha ido corriendo. Ya no está. Con la misma facilidad, has desaparecido tú de mi vida.


Hace calor. El cielo es un vacío azul que no termina. Pero el crecer lento de las granadas y los membrillos, habla de otoño. Con la misma paciencia de los frutos, debo aguardar un amanecer en que ya no duelas. No es todavía. Aún sangran alma triste mis heridas…Aún seguimos allí sentados, observando las aves de la laguna. Nos reímos bajito para no espantarlas…

















sábado, 26 de julio de 2025

 Tiempo de libélulas


Hace dos veranos, se derramó sobre Lara, la esperanza de la existencia del amor cierto habitando un pecho distinto al suyo.


_ ¡Llegas tarde, pero llegas, al fin!- pensó Lara asomada a su otoño.


El verano pasado, se derramó sobre Lara la decepción al descubrir, que lo que vivía en el pecho de Javier, poco tenía que ver con el amor que ella soñaba desde que guardaba recuerdos.


Se juró que no tendrían otro verano como el pasado. Y se ha cumplido, pero no de la forma que ella imaginaba…


_ Lo que yo quería, - susurró Lara desde sus ruinas-, eran tus ganas de mi ser entero. Tus manos recorriendo mi columna a cualquier hora. Tu presencia, por sorpresa ante mi puerta. Tu “hacer lo que sea” para no perderme…

Pero nada de eso ha sucedido en este verano lleno de libélulas y vacío de ti. Libélulas rojas, azules, amarillas me acompañan en mi andar solitario. Se paran en mi nariz, llenan mis flores. Me traen el recuerdo de lo no vivido a tu lado: la pasión, liberada al fin del encierro de la distancia. Las ganas de construir, de avanzar, de crecer, de experimentar y descubrir juntos este tiempo que nos va quedando, donde es urgente poner el alma entera en el asador…

Las libélulas me traen el recuerdo de una playa sembrada de caracolas en la que nunca nos desnudamos al amparo de la luna. Calles estrechas de ciudades milenarias, por las que no paseamos de la mano.

Cuánta soledad acompañada, amor, en esas interminables horas de sofá y mando a distancia, mientras tus manos impasibles descansaban a centímetros de mis ganas…Y la luna y el mar, aguardaban fuera.

Cuántas horas de insoportable espera, amor, hasta que llegaba al fin, mi dosis semanal de caricias…

¡Y cuánto amor y cuánta soledad y cuánta pena me he tenido que tragar porque no era el día, ni la hora!

En este verano lleno de libélulas y vacío de ti, te echo tanto de menos como cuando estábamos juntos…


¿Qué querías de mí, amor, si no era a mí?


BCP